Hai Phong está poniendo a prueba el modelo de «escuela socialista» en nueve centros educativos, desde educación infantil hasta secundaria, con el objetivo de fomentar los ideales revolucionarios, la moral y un estilo de vida cultural. La cifra que llama la atención es de 252.000 millones de dongs para la fase de prueba. Una pregunta bastante sencilla, pero difícil de eludir: ¿en qué medida esa enorme suma de dinero creará, en última instancia, un entorno educativo mejor, y qué criterios demostrarán su eficacia?

Lo que merece mayor debate es la ambición de ampliar el modelo a toda la ciudad en el periodo 2030-2035, junto con una serie de otros modelos denominados «socialistas». Desde la «administración cercana al ciudadano», la «ciudad que respeta y cumple la ley» hasta la «vivienda socialista», parece que basta con añadir las dos palabras «socialista» para que surja un nuevo modelo. Pero, al fin y al cabo, ¿se evalúan la educación, la ley, la vivienda o la administración por su nombre, o por la calidad real que recibe la ciudadanía?
En particular, el caso de la comuna de Kiến Thụy hace que la opinión pública se pregunte: si esta localidad no cuenta con ningún centro educativo incluido en la lista de los nueve centros piloto, ¿por qué se organizó una conferencia para presentar el modelo? ¿Dónde está la respuesta clara? Cuando el objetivo final se describe como la construcción de un «modelo emblemático del socialismo en la nueva era», lo que la población necesita quizá no sean más eslóganes, sino transparencia en el gasto, claridad en los criterios y resultados convincentes.










